Gitanos de clase media? Sí, y son mayoría
Los últimos crímenes asociados a
gitanos han desatado la alarma sobre el fracaso de las políticas de integración
y, sobre todo, en torno a la percepción que de ellos tiene el resto de la
sociedad. Pero, más allá de estereotipos, un 80% se define como "gitanos
invisibles", unos ciudadanos que luchan por su casa, su empleo, su familia. El
resultado, dicen, se verá en una generación.
PATRICIA ORTEGA DOLZ / JOAN OLEAQUE
EL PAÍS - DOMINGO - 12-03-2006
Los calés en cifras. El 'estancamiento' asociativo. Los calés que abren caminos
Un reciente barómetro del CIS pone
el dedo en una llaga histórica y refleja que los calés forman el grupo étnico
más rechazado por la sociedad
"Los gitanos integrados (un 80%) no son visibles porque vemos a través de
nuestros prejuicios", dice Teresa San Román, catedrática de la UAB
Ha habido avances en la integración: los gitanos están documentados; los niños,
escolarizados, y sólo un pequeño porcentaje vive en chabolas
La nueva identidad emergente apuesta por mantener la identidad gitana sin
renunciar a los derechos y beneficios del sistema de bienestarEligió la ciudad
fallera para vivir hace ya más de 30 años. El Tío Paco -y lo de tío es
importante porque es un alto grado en la comunidad gitana (sabio, hombre de
buenos consejos...)- pensó que esos edificios de ladrillo visto, tamaño medio,
rodeados de huertas y baratos, en las afueras de Valencia, podrían ser un buen
sitio para su familia. Sobre todo podrían darle un ambiente saludable a su hija
enferma de leucemia, e incluso le permitirían tener un caballo. El Tío Paco no
se ha movido de allí desde entonces. Su hija murió y después vinieron más
(Merche, Loli, Milagros y Paco), y su caballo sigue en la cuadra cercana a su
casa.
Como la suya, otras muchas familias gitanas, siguiendo la tendencia grupal
característica de esta etnia y la escasa economía, se asentaron en la zona, y
también sus hijos, y los hijos de sus hijos... Y de nuevo: un barrio gitano.
Ahora ya apenas quedan huertas y poco a poco van vendiendo los pisos a los
inmigrantes: "El barrio está cambiando".
El barómetro del CIS del pasado mes de noviembre volvía a poner el dedo en una
llaga histórica. Elaborado antes de que se produjeran los dos graves sucesos de
Sevilla protagonizados por gitanos -que se saldaron con el asesinato de un
hombre a tiros por el padre de una niña gitana a la que supuestamente había
atropellado y con un tiroteo a las puertas del hospital Virgen del Rocío entre
dos clanes-, la encuesta hacía sangrar una herida abierta desde hace siglos y,
junto con los sucesos de Sevilla, señalaba el fracaso de las políticas de
integración.
Los gitanos viven en España desde el siglo XV e históricamente han estado
sometidos a persecuciones de toda índole. Ahora, cinco siglos más tarde, un
estudio revelaba que todavía son el colectivo más rechazado por la sociedad
española, por encima de inmigrantes, ex presidiarios, personas alcohólicas o con
problemas psíquicos, etcétera.
Rechazados por el 40%
A un 40% de los encuestados por el Centro de Investigacines Sociológicas les
molestaría mucho o bastante tener a alguno como vecino. ¿Por qué? ¿Qué imagen
tienen los payos de los gitanos? ¿Se corresponde con la realidad de hoy?
¿Quiénes son los gitanos españoles? ¿Qué significa ser gitano en la España de
2006?
Hernández y Fernández no tienen nada que ver con los investigadores gemelos de
Tintín. Son Paco y Loli; mejor dicho, el Tío Paco y Lola, su esposa. Él,
pequeño, sí, pero puro nervio. Un señor "gitano de pura cepa, de varias
generaciones", dice con orgullo. Nacido en Tarragona hace casi 70 años, pero
residente en Valencia desde su más tierna infancia y con múltiples oficios a sus
espaldas: camionero, comercial, vendedor... Y del mismo modo que el bailaor
Joaquín Cortés decía el otro día en una entrevista con Jesús Quintero que él era
"gitano antes que español", el Tío Paco dice que es "gitano, español y
valenciano, por ese orden; así lo siento". Porque lo de ser gitano marca.
Ella es una señora de ojos vivarachos, piel aceituna y tímida sonrisa, nacida en
Valencia hace 65 años y criada junto a otros 10 hermanos. Con unos rasgos de
gitana que delatan una imponente belleza de hace no tantos años aunque diluida
por el tiempo y los trabajos en la fábrica y en la casa.
En los 45 años que llevan juntos han formado una gran familia, con cinco hijos
y, ya, un montón de nietos. "Esto es lo más importante: la familia. Lo es todo",
explica el Tío Paco mientras se sienta a la mesa con los suyos. Eso sí: él
habla, y los otros, mayormente, callan. "El respeto al mayor sigue siendo una
señal de nuestra cultura", explica.
Son el prototipo de una familia gitana española de hoy. Lo que los expertos han
dado en llamar "gitanos de clase media", que son básicamente mayoría, pero,
paradójicamente, mucho más invisibles en la sociedad.
"Los integrados no son visibles, porque todos vemos a través de nuestras ideas,
entre ellas nuestros prejuicios. Pero no se trata de ocultar, ignorar aún más a
los marginados, sino de decir que muchos no lo son, y siguen siendo gitanos, y
que a estos otros hay que darles las oportunidades necesarias para que hagan lo
mismo", explica Teresa San Román, catedrática de la UAB y autora de La
diferencia inquietante. Viejas y nuevas estrategias culturales de los gitanos
(Siglo XXI. Madrid, 1996).
La realidad es que estos gitanos más integrados representan un 80% de los
aproximadamente 650.000 gitanos españoles, y ni viven en chabolas, ni son
artistas folclóricos flamencos. Estos últimos modos de ser gitano, mucho más
visibles o visibilizados, suponen aproximadamente el 20% restante de la
comunidad romaní, según las estimaciones de los expertos y los escasos estudios
recientes. Sin embargo, la delincuencia, la venta de droga, el chabolismo o, en
el polo contrario, la fama son características que les han dado una enorme
publicidad.
Estereotipos
"Los estereotipos existentes en la sociedad mayoritaria nos colocan, o en el
mundillo del espectáculo, o en el de la marginalidad, cuando en realidad entre
el 80% y el 90 % de la comunidad gitana está fuera de esas categorías", indica
José Manuel Flórez, representante de la Secretaría de la comunidad gitana en
Andalucía.
"Es que parece que estamos, o todo el día bailando, o todo el día peleando con
navajas y escopetas... ¡Ya está bien!", se queja el Tío Paco con una voz
enérgica y ronca de tanto lidiar con el humo del tabaco y ajustándose el nudo
del pañuelo que lleva al cuello, como queriendo volver a ponerse en su sitio.
Pero: "¡Aquí, ni hay patriarcas, ni leyes gitanas, ni todas las leyendas que los
payos han inventado! Desde Victor Hugo hasta Cervantes, eminentes escritores,
sí, pero ya nos pusieron la etiqueta de ladrones y bailaores que tenemos hoy".
En la misma línea, Jesús Salinas, organizador del último Encuentro de Enseñantes
con gitanos, señala: "Se puede decir que hay muchos más gitanos dentro del
tejido común de la sociedad, en viviendas normalizadas, en trabajos de venta
ambulante o comunes, con los hijos escolarizados. Cada vez hay más gitanos
invisibles, no reconocibles como tales por la sociedad mayoritaria".
El Tío Paco y su mujer ya están jubilados, pero sus hijos se dedican, como el
80% de los gitanos, a la venta ambulante y, los que pueden, a la artesanía,
porque "ya se va perdiendo y no hay trabajo", dice Manolo, el cuñado de Lola, de
"sesenta y muchos" y de profesión tallista de madera. "A mí me encanta trabajar.
Yo me aburro en el mercado", dice ahora que su mujer ha caído enferma y va él a
vender.
Junto a su puesto de ropa a pleno sol en el mercadillo de Castilla, en Valencia,
está el de su hija Nieves -de 29 años, casada por lo civil y con boda gitana, y
madre de dos niños- y el de su sobrina Merche -de 32 años, con un hijo de cinco
y divorciada de un gitano-. Un poco más allá está el de Milagros, otra sobrina.
-¡Vamos, bonita, que lo llevo todo barato! ¡Sueters a cuatro euritos, oye!
-vocea Nieves para llamar la atención de posibles clientas.
Un puesto en el mercado
Dice que un buen puesto necesita una inversión de hasta 3.000 euros en ropa.
"Los puestos se heredan de padres a hijos, y por cuatro metros en el mercado se
paga al Ayuntamiento unos 24 euros al mes, y luego el autónomo y todo eso",
explica.
Entre 10 y 100 euros diarios suelen ganar vendiendo ropa las mujeres de esta
familia. "Los gitanos nos hemos hecho a esto y vivimos al día: tanto tienes,
tanto gastas", dice Merche. Aunque ella se ha embarcado en una hipoteca de más
de 120.000 euros. "Ya saldré adelante como sea; trabajaré aquí por la mañana y
en algún sitio por la tarde, me da igual: poniendo cafés, limpiando,
fregando..., donde me den trabajo", piensa. "Si los payos lo hacen, yo también".
Las dos son madres jóvenes, pero ya no tan jóvenes como lo eran antes las
gitanas. "Ya casi nadie se casa antes de los 18", comentan. Dejaron los estudios
antes de terminar la educación secundaria. "Yo fui al colegio hasta los 12 años,
pero me cansé. No me gustaba. Las gitanas es que somos vagas hasta para
estudiar. Ahora me arrepiento, claro", dice Nieves. El caso de Merche es
similar, como el de casi todos los gitanos españoles. El fracaso escolar es de
entre el 60% y el 70%, según los estudios. Pero su mentalidad y el hecho de que
sus hijos estén escolarizados y vayan al colegio a diario suponen un importante
avance. De hecho son ellas, las mujeres, las que están protagonizando los
cambios más trascendentes en la comunidad gitana.
"Una de las mejoras más reseñables se da en el aspecto educativo", señala José
Manuel Flórez. "En poco más de una generación se ha producido la escolarización
casi universal de los niños y niñas gitanos en Andalucía y en el resto del
Estado".
Según Jesús Salinas, "la escolarización generalizada no significa que no exista
absentismo -de hasta el 30%-, que lleguen al final de la enseñanza primaria sin
desfases académicos -muchas veces no pueden entrar en el curso en el que les
corresponde por su edad- o que lleguen con normalidad a la secundaria y mucho
menos a la universidad -sólo un 1% de los gitanos accede a la universidad, y el
80% son mujeres-. Es cierto. Queda mucho por hacer. Pero la escolarización
generalizada comenzó hace sólo dos décadas, y en este corto periodo ha habido
grandes cambios".
Pero, pese a la lenta y costosa integración, entendida como una convivencia
basada en el respeto de las identidades, hay algunos cambios reseñables. En 1977
eran muchísimos los gitanos que carecían de cualquier tipo de documentación. Hoy
no hay ningún gitano ni gitana españoles que no tengan en regla todos sus
papeles. Durante muchos años fue frecuente ver en las calles de España a muchos
gitanos, y especialmente niños, mendigando. Hoy los gitanos españoles ya no
piden por las calles, aunque sí lo hacen los inmigrantes rumanos. Han
desaparecido los artículos del Reglamento de la Guardia Civil que abiertamente
les perseguían, y si en 1977 el índice de analfabetismo de los gitanos españoles
era superior al 80%, hoy estamos alrededor del 40%. Del mismo modo que acceden
más y mejor a la sanidad y a la vivienda. Son algunos de los aspectos destacados
por Unión Romaní, una de las asociaciones más prestigiosas, junto a la Fundación
Secretariado Gitano, para mostrar que ha habido cierta evolución.
La dignidad gitana
En la dignidad gitana, tan identitaria, se ha producido también un cambio sutil,
pero sustancial. Una es la dignidad que le sale al Tío Paco (y al propio Joaquín
Cortés) cuando dice que es antes gitano que español, y la otra es la que le sale
a Merche cuando, después de divorciarse legalmente, se reta a poder pagar una
hipoteca, pese a estar acostumbrada a vivir al día. Son maneras distintas de
reivindicar su dignidad y muestran un cambio fundamental: la del Tío Paco es la
dignidad de la reafirmación frente a la opresión históricamente sufrida, pero la
de Merche está ya en la línea de un horizonte nuevo. Es la de quien quiere
seguir fiel a su identidad gitana sin por eso dejar de disfrutar de todos los
derechos de su condición de ciudadana y de un mayor bienestar, como cualquier
payo.
Y justamente ésa parece ser la nueva identidad gitana emergente. "Un ser lo que
sois, pero integrados en una sociedad común que os pertenece", en palabras de
Teresa San Román. Por ahí parece estar la futura senda (sin carromatos ni mulas)
de los gitanos españoles. No será fácil porque, por un lado, tendrán que luchar
contra sus propios complejos y contra la inseguridad de moverse por terrenos
desconocidos. "Seguro que suspendes, porque no se le entiende nada al profesor",
le dice Nieves a Merche cuando ésta habla de que quiere sacarse el carné de
conducir. "Mi prima, que trabaja en una tienda, no quiere ponerse en la caja
porque le da miedo que falte dinero y que le echen las culpas a ella porque es
la gitana", comenta.
Y por otro lado, deberán enfrentarse a una sociedad también cargada con sus
prejuicios y alarmada por algunos de los hechos protagonizados por otros
miembros de su etnia. Los expertos aseguran que se requiere un esfuerzo mutuo,
liderado y potenciado por las instituciones democráticas competentes. Entre
tanto, en la casa del Tío Paco, después de la paella, han sacado una botella de
cava y han llenado las copas. El brindis es también gitano: "Salud y libertad".
Los calés en cifras
- Llegaron a España en el siglo XV.
- Viven 650.000 en España y 3 millones en toda Europa.
- El 50% de los españoles gitanos tiene menos de 16 años.
- El 50% vive en Andalucía (286.000), seguida de Madrid (59.000), Cataluña
(53.000) y Valencia (52.500). El 95% vive de manera sendentaria.
- En 1977 el índice de analfabetismo era superior al 80% y hoy está alrededor
del 40%.
- Fracaso escolar: entre el 60% y el 70%.
- En los años setenta, el absentismo escolar era del 50% y hoy la escolarización
de los niños roma es casi total. Un 30% de los alumnos gitanos abandonan el
sistema educativo antes de terminar la ESO. No llegan al 1% los alumnos gitanos
que acaban la secundaria obligatoria.
- De los 1,5 millones de españoles universitarios, como mucho 1.000 son gitanos.
- La mitad de los españoles gitanos en edad de trabajar no tiene un empleo
estable o regularizado.
- El 80% se dedica al la venta ambulante.
El 'estancamiento' asociativo
"UNA VEZ", cuenta el tío Paco Hernández, también iniciador del llamado
movimiento gitano, "en una reunión con asociaciones gitanas, dije que me
atemorizaba que aquello que ayudé a crear acabara como vergüenza para mi nieto.
Creí que se iban a enfadar, pero todos aplaudieron". Aún recuerda perplejo esa
escena clave del acomodo de parte del asociacionismo calé.
Sus inicios, a finales de los sesenta, estuvieron ligados a la Iglesia. Con la
democracia, el colectivo romanó se dedicó a formar asociaciones laicas. Los
primeros tiempos fueron reivindicativos. Juan David Santiago, actual responsable
de comunicación de la Federación de Asociaciones Gitanas de la Comunidad
Valenciana, dice que, en los ochenta, "el movimiento estaba presente en cada
problema del momento". Desde el Estado, se estableció el Programa de Desarrollo
Gitano. A través del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales se establecen dos
grandes líneas de subvención a entidades. La primera, en colaboración con las
comunidades autónomas y los ayuntamientos. En 2005, eso se tradujo en 3.065.160
euros del Gobierno central y 3.318.477 de otras administraciones. La segunda, a
cargo del Régimen General de Acción Social y del 0,52% del IRPF. El total de
eso, en 2005, ha supuesto 3.468.061 euros.
También está el Fondo Social Europeo. Amparo Valcarce, secretaria de Estado de
Servicios Sociales, Familias y Discapacidad, confirma "un uso muy correcto por
las asociaciones de las subvenciones del Gobierno, sujetas a auditorías".
La mayoría de subvenciones se utilizan en programas de inserción socio-laboral e
inclusión social. Hay unas 500 asociaciones gitanas laicas -las evangélicas
parten de iglesias- en España, según Unión Romaní. No más de 40 son específicas
de mujeres. Según Jesús Salinas, organizador del Encuentro de Enseñantes
Gitanos, "esta gran cantidad no debe dar la idea de que agrupan a muchos
gitanos. Suelen ser asociaciones familiares que crecen al calor de las
subvenciones, pero que no representan ni al 1% de los gitanos y gitanas
españoles. El asociacionismo es un préstamo cultural que los gitanos utilizan,
en principio para reivindicación social y cultural, y que, con el tiempo, ha
devenido en un recurso más (polivalencia laboral dentro de la familia) o en una
forma de poder representativo. No se ha llegado a la unidad. No hay una voz
consensuada, una propuesta unitaria de lo que quieren los gitanos españoles."
Según Santiago, "se ha acabado popularizando un esquema familiar y se ha caído
en pleitesía hacia el político más cercano para conseguir un programa. Sale más
barato que todo siga igual". Unión Romaní ha constatado que hay asociaciones "de
una sola persona". Ricardo Borrull, profesor gitano que estuvo ligado a lo
asociativo, indica que "la transparencia no siempre se da, y no se trabaja por
dignificar la imagen de los gitanos".
Pero Santiago ve un futuro: "Debe basarse en una voluntad de salir de la
marginalidad, de exigir y exigirnos".
Los calés que abren caminos
HAN DADO PASOS a los que otros aún no se atreven. Pero su ejemplo cunde.
- ø Merche, 32 años. Divorciada de otro gitano. Esta valenciana estuvo nueve
años en un matrimonio frío y fallido. Cuando el fracaso fue incontenible, Merche
le anunció la situación a su padre, el tío Paco. "Lo entendí", dice él. "Mi hija
es lo primero". Ahora Merche Hernández, con su hijo, vive al lado de los suyos.
"Estoy bien", señala, "aunque debería conocer gente. La familia te cobija tanto
que no encuentras sitio para eso".
- ø Manuel, 38 años. Pintor abstracto. Residente en Barcelona, Manuel Gómez es
montador eléctrico, pero su pasión es la pintura abstracta. "Mi padre, al ver
los cuadros que yo hacía, decía: 'tú eres muy raro". A través de exposiciones,
ha ido convenciendo hasta a los gitanos mayores. "Les digo que lo que yo pinto
te llega o no, como la música".
- ø Juan David , 31 años. Hizo pública su homosexualidad. Activista asociativo
de Alicante, Juan David Santiago declaró un día su tendencia sexual. Su pareja
es calé. "No han faltado gitanos viejos que respetan el valor de hacerlo
público", comenta. A finales de año, la prensa de Sevilla se hacía eco de la
primera boda gay de un gitano. El otro contrayente no lo era.
- ø Guadalupe, 27 años. ATS y cantaora flamenca. Guadalupe Jiménez estudió
enfermería en la Universidad de Valencia. Ahora se ha convertido en "ATS y
técnica en radiodiagnóstico". Guadalupe, con pareja no gitana, también es una
cantaora conocida en los bares flamencos. "El cante, aún hoy, transmite lo que
somos", opina.
- ø Paco, 19 años. Aunque del 1% de los gitanos que adquieren títulos
universitario el 80% son mujeres, Paco es uno de los hombres que intenta romper
las estadísticas. Le queda el inglés para terminar el bachillerato de ciencias
puras y espera sacárselo ya este año. Reconoce que ha tenido que estudiar un
poco sólo y ahora empieza a interesarle el Derecho. Su gorra encubre tanto su
cara como su timidez pero confiesa que no le importaría ser abogado. El tiempo
lo dirá.