La mujer, motor del cambio gitano
Las romaníes protagonizan el avance de un colectivo con
carencias
en salud, educación y empleo
El cambio empieza por las mujeres gitanas. Ellas se han convertido en las impulsoras de la transformación en esta comunidad, que agrupa a unas 650.000 personas en España. Aunque a menudo encuentran resistencias entre los varones de su propio grupo, son las protagonistas de una evolución que incluye la llegada a la Universidad: aún son muy pocos los gitanos titulados, pero ocho de cada diez titulados son mujeres. Sin embargo, se sienten discriminadas en el mundo laboral. El acceso a la salud (la edad media de los gitanos es 10 años inferior a la del resto) es una de las carencias de la comunidad gitana. A ella se han sumado romaníes llegados de Portugal y Europa del Este, cuya situación suele ser peor.
ANA GABRIELA ROJAS - Madrid EL PAÍS - Sociedad - 22-05-2005
"No te dejan integrarte"
Uno de los cambios significativos ha sido la reducción de los índices de
natalidad
El 70% de la población gitana mayor de 20 años no tiene el título de graduado en
ESO
La esperanza de vida de los gitanos es 10 años inferior a la media española
La abuela Herminia, gitana de 88 años, se casó cuando tenía 14 y tuvo 14 hijos.
Vivió errante la mayor parte de su vida y asegura que muchas veces sufrió
hambre. A sus hijos los crió a duras penas en una chabola en Lugo. Apenas
aprendió a leer y a escribir y se dedicó sólo a su familia. Una de sus hijas,
Concha, de 53 años, se casó a los 19 y tuvo tres hijos. Empezó la carrera de
Magisterio, aunque no la terminó. Pudo mudarse con su familia a una vivienda de
protección social y vende ropa en la feria en Ourense.
Una de los más de 100 nietos de Herminia, María José Jiménez, a quien todos
conocen como Guru, acaba de cumplir 29, sigue soltera y piensa que cuando se
case, tendrá sólo dos hijos "para poderles dar una carrera". Estudió Trabajo
Social y es mediadora de programas de empleo en Vigo para los de su etnia, los
gitanos. Su hermana Irene, tiene 26 años y también estudió una profesión. Su
otro hermano, Manuel, de 27 años, no estudió y trabaja como guarda de seguridad
en Ibiza.
La historia de las tres generaciones de esta familia ejemplifica el cambio en la
vida de la mujer gitana, que aunque dista mucho aún de ser generalizado, está
forzando progresivamente la integración de su comunidad en el resto de la
sociedad española.
Para el director de la Fundación Secretariado General Gitano (FSGG), José Manuel
Fresno, el cambio de mentalidad en los gitanos se da en toda la estructura
familiar, pero es mucho más marcado en las mujeres jóvenes: "Además de querer
tener hijos y familia, aspiran a mejorar sus niveles de instrucción y a trabajar
para ser independientes".
Una de las evidencias de esta nueva forma de pensar es la reducción en sus
índices de natalidad. A finales de los setenta, las mujeres gitanas tenían tres
veces más hijos que el conjunto de las mujeres españolas. Actualmente las
gitanas tienen algo menos del doble de hijos que el conjunto español. Mientras
que el promedio nacional de fecundidad es de 1,3 hijos por mujer, cada gitana
tiene 2,3, según la FSGG.
"En la época de mi abuela, el papel tradicional de las mujeres era el de ser
madre. Más hijos significaban más ayuda y más solidaridad. Una familia más
grande era símbolo de grandeza", cuenta Guru. En cambio, "tal y como está la
vida", ella, para tener hijos necesita "más estabilidad, económica y laboral".
La educación es un terreno donde los gitanos aún se encuentran gravemente
rezagados. Un 70% de la población adulta gitana carece del graduado en Educación
Secundaria Obligatoria (ESO), el antiguo graduado escolar, según la FSGG. En los
menores de 20 años, la situación cambia, aunque la deserción escolar puede
llegar hasta el 30% y son pocos los que acceden a la educación superior. La
presidenta de la asociación de mujeres universitarias romaníes de Andalucía (Amuradi),
Beatriz Carrillo, asegura: "El atraso en educación se debe tanto a la propia
historia de los gitanos, cargada de expulsiones, como al sistema educativo, que
no ha sabido incorporarnos".
La asociación estima que sólo el 1% de los 650.000 gitanos que se calcula que
viven en España estudia en la Universidad. El 80% de esos alumnos son mujeres.
"Esto se debe a que como motor de nuestro pueblo, somos más conscientes de la
necesidad de formarnos", asegura Carrillo. "A diferencia de los hombres, a las
mujeres nos es difícil empezar a estudiar, romper con las barreras que nos lo
impiden, pero, una vez que hemos comenzado, no lo dejamos, somos muy
constantes", añade Irene, la hermana de Guru. Estos datos de gitanos
universitarios proceden de un estudio sociológico que la Junta de Andalucía hizo
hace más de cinco años, los más actualizados y representativos de los que se
dispone. En Andalucía viven casi la mitad de los gitanos españoles. Si no hay
información precisa de esta comunidad es porque, por la ley de protección de
datos, en los censos no se puede clasificar por etnia y toda la información se
ha tenido que obtener mediante estudios sociológicos.
Guru cuenta que en su época universitaria era la única estudiante romaní en la
Universidad de Salamanca. Su carrera, Trabajo Social, es una de las preferidas
de las estudiantes gitanas que, al tratar de superarse, cambian sus actividades
tradicionales como venta ambulante, recogida de chatarra o faenas agrícolas. La
mayoría de las gitanas que se prepara opta por ser mediadora social o por
trabajar en la hostelería, aunque el espectro se va amplio. "Hace poco, cuatro
mujeres hicieron un curso para trabajar manejando grúas de construcción", relata
Guru, que trabaja en estos programas. Cree que el cambio de ocupación es
"forzoso", "una necesidad de reciclarse para no morir de hambre, porque las
actividades tradicionales ya no dan para vivir".
Una educadora que trabaja en programas de alfabetización para mujeres gitanas,
Victoria Mendizábal, asegura que el colectivo "está dando pasos de gigante".
Pero en el cambio, "el hombre se está quedando atrás". En su opinión, la lucha
es que los gitanos encuentren trabajo. Son muchos los estereotipos que pesan
sobre ellos, según esta educadora. "La mayoría no son ladrones, ni sucios, ni
vagos, sino gente respetuosa, cariñosa y honrada, aunque, hay que decirlo, sin
cultura de trabajo", afirma. La realidad es que al final "se colocan muy pocos".
A juicio de Mendizábal, las mujeres gitanas están en un dilema: tienen muchas
ansias de libertad, pero deben obedecer a los hombres, que no siempre están de
acuerdo con que ellas se superen.
Con todo, Mendizábal cree que la comunidad romaní terminará integrándose por
completo en la sociedad. Matiza que "es un proceso que llevará tiempo" y en el
que los gitanos deben participar como protagonistas, ya que "les revienta
sentirse empujados por los payos [los no gitanos], porque son orgullosos y muy
dignos".
Guru, que vivió hasta los 11 años en una chabola, asegura que "ningún gitano
vive ahí porque quiera". En esas condiciones de marginalidad habitan todavía
entre un 8 y un 10% de los gitanos, según la FSGG, pero la abuela Herminia
recuerda que sólo hace dos generaciones "todos" vivían errantes.
Por su parte, la secretaria de Estado de Asuntos Sociales, Amparo Valcarce,
maneja una cifra inferior de romaníes que viven en condiciones precarias: el 5%,
proporción que le parece "muy preocupante". "Los niveles de bienestar de los
gitanos se han incrementado mucho en los últimos años", puntualiza la secretaria
de Estado.Valcarce se propone elaborar este año un "informe de diagnóstico de
situación y un plan de acción de la población gitana", ya que "no hay datos
fiables". El estudio fijaría las acciones prioritarias. Una de las más
previsibles es la sanidad. Según SOS. Racismo, la esperanza de vida de los
gitanos es 10 años inferior a la media "porque su situación sanitaria es peor".
Para Valcarce, los problemas sanitarios "no son de acceso, sino de educación".
Los programas de integración "tienen un reto añadido", según Amparo Valcarce: la
constante inmigración de otros gitanos desde Portugal y Europa del Este. "Sus
niveles de pobreza y dificultad de adaptación son mayores", asegura. Coinciden
con la secretaria la Unión Romaní y S.O.S. Racismo. "Dentro del colectivo, los
gitanos extranjeros presentan una situación particular, y un perfil general de
mayor exclusión". "El precio de la vivienda y, en algunos casos, una tradición
de nomadismo de muchos gitanos del Este, hace que algunos vivan en condiciones
lamentables, expuestos a un desalojo que incide en la escolarización de los
niños, ya muy precaria", dice S.O.S Racismo.
"No te dejan integrarte"
Pilar Clavería, presidenta de Kamira (una federación nacional de asociaciones de
mujeres gitanas), asegura que las condiciones de la etnia "están mejorando mucho
en general, aunque la discriminación y el racismo siguen siendo permanentes".
"Aunque quieras integrarte, no te dejan", asegura. "Si una paya aspira al mismo
trabajo que tú, es seguro que se lo dan a ella", asegura.
María José Jiménez, universitaria de etnia gitana, no ha sentido la
discriminación en carne propia, pero asegura que persisten los estereotipos: "Se
retrata por un lado a la gitana bailaora y por el otro a la marginal, pero la
mayoría no somos así. La mayoría participamos de la normalidad". Ella y su
hermana Irene, veinteañeras, visten como el resto de las jóvenes y es difícil
saber que son de esa etnia. En cambio, su abuela lleva la tradicional falda
gitana negra desde que enviudó hace 18 años. María José e Inés son como otras
"gitanas invisibles" que se enfrentan a la discriminación sobre todo "a la hora
de buscar trabajo y de alquilar un piso". Más de la mitad de los gitanos se han
sentido discriminados en el empleo, según el Secretariado General Gitano.
En el proceso de cambio, los romaníes tratan de no perder su raíz. Juan José
Bustamante, el primer gitano que prepara las oposiciones para juez, asegura que
"no hay que confundir la marginalidad con la cultura romaní". Cree que el reto
de los gitanos es "despojarse de la pobreza y la marginación y recuperar una
historia y una cultura propia, basada en el gran sentido de la familia, la
comunidad y el respeto a los mayores".