EL TRIBUNAL POPULAR
San José de Valle, pedanía a 30 km. de Jerez.
Venta del Pollo. Sentados ante una mugrienta mesa, Gregorio Sánchez y Cristóbal
Fernández dan cuenta de una botella de vino mientras hablan quedamente,
inclinados hacia delante. Una lamparilla de aceite junto a la botella, dobla su
pequeña llama ora en una dirección, ora en la contraria, según quién
habla.
Cristóbal no cesa de palparse el chaleco, a la altura del pecho, para
asegurarse que su carga está firme. Como si alguien invisible les hubiera
alertado, beben de un trago el último vaso, y en ese momento, se oye un silbido
en el campo. Gregorio rebusca en el bolsillo del chaleco y tira una moneda sobre
la mesa. Salen pausadamente, sin mirar a nadie en concreto. No hay luna esta
noche. No deben haber pasado dos horas del ocaso. Caminan en silencio. Todo es
obscuridad y frío, un frío que se mete en los huesos. A cosa de media legua, se
desvían del camino, entran en los terrenos del rancho de los Barea y se pierden
por detrás de la casa grande. Siguen caminando durante diez o quince minutos
hasta que unos ladridos les sobresaltan. (nunca me acuerdo del joío perro...).
se abre la puerta de una choza y una figura se recorta al contraluz:
- ¿
Aonde ze vá, zeñore?
- En buhca del bien zocial...
Es increíble lo grande
que puede ser una choza... Frente a la lumbre, Bartolo talla una extraña figura
en un trozo de madera., y no puede evitar que un escalofrío recorra su espalda
ante la visión de los dos recién llegados y las lúgubres sombras que proyectan
sobre las paredes y techo de la choza.
-Faltan muchos aún, Bartolo?.
-Han
venido cuarenta y ocho hasta ahora, Gregorio-. Desde un rincón, en plena
obscuridad, se oye la voz firme y autoritaria dePedro Corbacho:
-Vamos,
empecemos entonces.
Se dirigen al fondo de la habitación y justo delante de
una desvencijada cantarera, el vejete aparta del suelo un húmedo esterón de
esparto y levanta una trampilla de madera.
Antes de bajar, Pedro se vuelve y
advierte al viejo: Alerta.... no te vayas a quedar dormido.
Por una angosta
escalera, bajan los tres hasta una espaciosa cueva, en las que sentados en unos
bancos de madera, aguardaban los miembros de la Sección 5ª de los Trabajadores
del Campo de la FTRE, braceros en su mayoría, aunque también se puede advertir
que un par de ellos pueden estar en mejor posición, dada su vestimenta.
Tras
los saludos de costumbre, Pedro alarga la mano hacia Cristóbal, en ademán de
pedirle algo. Este se echa mano al pecho, y de entre el chaleco y la camisa saca
una talega de recio paño y se la entrega. Pedro extrae de ella varios papeles
sueltos y un raído libro de apuntes, y da comienzo a la lectura del acta de la
reunión anterior, terminando de este modo: ... todo ello se ha cumplido como se
acordó:
- Las viñas de Avelino del Pozo, han sido taladas, en el número
estipulado.
- Se incendió el Cortijo de los Dolores, por la paliza y
expulsión de dos miembros de la sección.
- Antonio Gutiérrez, que se quedó
con fondos de la sociedad y amenazaba con delatarnos, ha pagado con su
vida.
-¿Alguna queja?
Tras un breve momento de silencio, un bracero se
levanta y dice: En el Cortijo de los Macías, "El Dorado", de los sesenta
braceros que tenían han despedido a veinte, y se les ha recortado el sueldo a
cuatro reales a los restantes.
- ¿Cuantos están afiliados?
- De los
sesenta, unos treinta a esta sección y otros diez o doce a la 5ª o la 6ª.
-
Que se talen cinco olivos por cada bracero. ¿cuantos hacen Juan?
- Ciento
ochenta, Pedro
Ante la ausencia de más quejas, Pedro se dirige a la Sección
de esta forma:
"Bueno, compañeros, ahora quiero hablaros de un asunto que no
me deja dormir.
Resulta que uno de los afiliados a ésta sección se está
comportando como lo haría uno de nuestros tiranos. El individuo en cuestión ha
abusado de una mujer con engaños y uso de la fuerza, de una forma tan brutal que
ésta se ha vuelto idiota. Esto lo ha hecho porque desde un tiempo a esta parte
se ha abandonado a los vicios, sobre todo a los del juego y la bebida.
Pero
con ser esto grave, no lo es todo, sino que siendo anteriormente persona de mi
confianza, se encuentra en posesión de conocimientos y datos de esta Sección que
podrían ponernos a todos en peligro, e incluso cuenta con un documento
comprometedor.
Como quiera que no podemos permitir que uno de nosotros se
comporte de forma tan poco digna, propongo se le aplique por este Sección, que a
la vez es un Tribunal Popular, la pena de muerte en castigo por sus delitos, y
en prevención de que no pueda delatarnos."
Un silencio pesado, espeso, parece
desprenderse de las rocas de la cueva, hasta que lo rompe un bracero preguntando
por el nombre del acusado.
- No debemos dar nombres hasta que se pronuncie la
sentencia así nuestro voto será más justo.
Otro campesino manifiesta no haber
oído nada sobre el asunto de la mujer. Ante la insistencia de los presentes,
Pedro Corbacho informa que el nombre del acusado es Bartolomé Gago Campos
"Blanco de Benaocaz", primo de los hermanos Gago de los Santos, Bartolomé y
Manuel, presentes en la asamblea.
Las exclamaciones recorren la cueva, los
murmullos y opiniones encendidas se adueñan de la sesión, hasta que Pedro
Corbacho, quizá demasiado tarde, impone silencio, y ordena pasar a la votación
que resulta negativa, no siendo aprobada la sentencia.
En silencio, van
abandonado la cueva, en la que el aire viciado se había vuelto de pronto
extrañamente amenazante.
Tres días después se presenta un bracero de los
Alcornocalejos, propiedad de los hermanos Corbacho, en el Molino de la Parilla,
para entregar al maestro de lugar, Bartolomé Gago un parte de la Comisión,
firmado por el propio presidente, Pedro Corbacho. (Esta comisión estaba formada
por los Corbacho y quizá también pertenecieran a ella el otro maestro de la
sección, Juan Ruiz, y Roque Vázquez).
Reunidos los afiliados de la sección de
la zona, se les da conocimiento del parte, en el cual se ordena la muerte de
Bartolomé Gago Campos, a ejecutar por los dos más jóvenes de la sección y en
compañía de los demás de la decuria del primo del condenado, Bartolomé Gago de
los Santos. La ejecución debía ser inmediata, por tener previsto el "Blanco" su
marcha hacia Benaocaz al día siguiente, debiéndose quemar los papeles que
portara consigo.
Manuel Gago se lleva a su primo, con engaños, hasta la Venta
del Pollo, donde se les une Gregorio, y entre vaso y vaso, oyen al "Blanco"
despotricar contra los Corbacho, por una cierta cantidad de dinero que ambos les
deben y se resisten a devolver. Mientras tanto, los demás van en busca de las
armas y se apostan en el camino. Bartolomé, el maestro, queda en el Molino, con
el consentimiento de todos.
Sobre las ocho de la tarde, y tras unos cuantos
vasos de vino, Manuel, "El Blanco" y Gregorio salen de la venta. Por una vereda
tan estrecha que no podían caminar uno al lado del otro, emprenden el camino de
vuelta hacia el Molino.
Con el pretexto de encender un cigarro, Manuel y
Gregorio se rezagan unos metros, comentando Manuel a Gregorio:
- Más vale que
muera él sólo, a que nosotros también, así que no esperemos que nos avisten los
apostados. Gregorio carga la escopeta y ambos disparan por la espalda al
"Blanco".
Por aquellas fechas era normal que al atardecer, los campesinos
llevaran consigo sus escopetas, por lo que el condenado no se sentiría
preocupado por ello, y caminaba confiado en sus acompañantes.
A los disparos,
acuden los que se encontraban apostados en el camino. Alguien le tapa la boca al
"Blanco" para que no grite, mientras otro le secciona la garganta.
Algunos no
pueden resistir la escena y vomitan... a otros se les afloja el
esfínter.
Alguien se inclina sobre el Blanco y le extrae de un bolsillo un
papel cuidadosamente doblado.
Se marchan cada uno por un lado, como
embriagados, después que sobre Agustín Saez y Cayetano de la Cruz recayera la
suerte de cavar una fosa para el cadáver.
Hasta aquí, el motivo principal, la
causa del más conocido juicio contra La Mano Negra.
Luego llegaría las
confidencias, las investigaciones y el juicio que costaría la vida a siete de
estos hombres y la deportación a Filipinas de cientos de campesinos.
Pero eso
ya pertenece a tercera y penúltima entrega, amigos.